Diseñas eso que quieres imprimir en 3D. Preparas la impresora, y lanzas el programa. Capa a capa, tu diseño virtual va tomando forma tridimensional. Ese diseño loco o curioso, ese llavero con tus iniciales, ese juguete, se hace tangible, se hace real gracias a las impresoras 3D.

Vas y se lo enseñas a tu familia y amigos.

¡Qué chulo! ¿En serio lo has hecho tú?

Sí. Sí. Toma, y te he hecho este posavasos con tu nombre.

¡Gracias!

¿Y luego qué?

Al quinto posavasos, la impresora 3D nos empieza a importar menos.

impresoras 3d colbert pulpo

“Colbertopus” de Renosis. Disponible con licencia de uso público en Thingiverse.com

A no ser que tengamos una mente creativa. A no ser que tengamos ingenio y ganas de aportar algo al mundo. Nos vamos a aburrir.

Y esto nos lleva a la cuestión de hoy.

¿Está la Impresión 3D sobrevalorada?

En nuestra opinión, para nada.

Para la mayoría de personas, una impresora 3D es un juguete con el que imprimir algo curioso. Llama la atención porque puedes convertir cualquier idea en un objeto real. Pero salvo que despierte en el usuario una pasión desconocida, se queda ahí.

Sin embargo, para alguien con espíritu creativo (como los alumnos de Playcode Academy :D) es herramienta casi imprescindible. Para esas personas a quienes les gusta “cacharrear”. Aquellos a quienes les gusta construir esto y aquello. Desmontar el Lego y usar las piezas para crear algo totalmente distinto. Para aquellos que piensan “cómo me gustaría inventar un X que haga Y”. Para todos ellos, una impresora 3D es una gozada.

En otras palabras. Pongamos una persona que antes de existir las impresoras 3D se las habría apañado para construir esto y aquello con madera, piezas de plástico, corcho, arcilla, yeso, incluso fundiendo plomo.

Esta personas se verán increíblemente beneficiadas (y sorprendidas) por la versatilidad de una impresora 3D.

Si quiere construir algo no tendrá más que modelar tridimensionalmente aquello que quiere y la impresora 3D hará el resto.

Esto es una grandísima ventaja en tiempo y precisión para estas personas, colegios, y empresas.

Lo que nos lleva al siguiente matiz.

Impresoras 3D en empresas e industria.

Para equipos de innovación y desarrollo de producto en empresas de todos los tamaños, la impresión 3D es una ventaja impresionante.

Las empresas innovadoras que necesitan de un prototipado rápido tienen en la impresora 3D su mejor aliado.

En muy poco tiempo, pueden poner a prueba la validez de una idea en un proyecto.

Si queremos mejorar el mecanismo de un motor, la impresión 3D nos da una respuesta casi inmediata. Solo hay que imprimir las piezas del nuevo mecanismo para conocer el resultado. Esto es solo un ejemplo de tantos como se puedan ocurrir.

En fabricación masiva de piezas, todavía queda un largo camino por recorrer.

La impresión 3D es de momento muy lenta para “ganar la partida” a otros métodos de fabricación. El termoformado de plásticos, el estampado de metales, etc. son mucho menos flexibles. Necesitan mucho más trabajo para fabricar una pieza distinta. Sin embargo, una vez configurado el proceso, son capaces de producir cientos, miles de productos por hora.

A día de hoy, la impresoras 3D son mucho más lenta, depositando material mediante distintos métodos, capa a capa, hasta obtener el objeto tridimensional.

Además presentan otros problemas. Por ejemplo, hace poco escribíamos sobre la adecuación de los productos impresos 3D para uso alimentario.

Conclusión

La impresión 3D está aquí para quedarse.

Probablemente no veamos en un futuro próximo una impresora 3D en cada casa. Y probablemente haya algo de hype alrededor de esas maravillosas herramientas.

Sin embargo, podemos prever con facilidad su progresiva incorporación a nuestro día a día. Cada vez más y mejor, más rápido, más eficaz. Tanto en la industria de fabricación en masa, como en empresas innovadoras, y poco a poco en las casas.

Los alumnos de Playcode Academy ya las están usando.

Y tú, ¿estás pensando en hacer tus pinitos con una impresora 3D?