El cambio es la única constante.

Esta ley universal se ha cumplido en toda la historia, se cumple en la actualidad y se seguirá cumpliendo en el futuro.

Ayer dedicaron el programa El Objetivo al cambio que están suponiendo los robots.

Podéis ver el programa completo aquí.

La incorporación de los robots a todos los niveles de la sociedad conlleva profundos cambios en industria, el mercado de trabajo y en la sociedad.

robots coche programados

Pequeños cambios que no se observan de un día para otro, pero año a año van sumando y suponen una revolución en las formas de vida (y de trabajo).

  • Si antes tenías que dedicar 10 horas semanales a hacer algo que ahora hacen robots, mejor y más barato, ¿a qué dedica la persona todo ese tiempo?
  • ¿A no hacer nada? ¿A producir otras cosas? ¿A descansar?
  • Si descansa demasiado, ¿no habrá otra persona que quiera hacer su trabajo por menos? ¿Y si la persona dedica todo ese tiempo a formarse y acceder a un trabajo mejor (no sustituible por robots)?
  • ¿Hay que tasar a los robots porque “quitan trabajo”? ¿Entonces hay que tasar también a los ordenadores? ¿Y a las calculadoras (total, quitan tiempo de trabajo…)?

Estas preguntas surgen ante la evidencia de algo que lleva ocurriendo (literalmente) siglos.

robots programando

Las sociedades no se dan cuenta de las revoluciones hasta que pasan. En ese sentido, la revolución tecnológica ya ha ocurrido (y nos estamos dando cuenta ahora.)

La revolución tecnológica está suponiendo un desplazamiento de la masa laboral. Es entendible que mucha gente se sienta insegura ante la posibilidad de perder su empleo.

¿No es más constructivo mirar hacia delante y pensar en cómo reinventarnos, fluir con el cambio, que intentar “tasar” y detener la revolución de los robots?

Eso es querer “que las cosas sigan como están”. Es querer que no haya cambio.

Y, tal y como empezábamos el artículo, el cambio es la única constante —es ley universal 🙂